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2008
January February March April May June July August September October November December (2)
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| 12/18/2008 |
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No caes Qué embates tan crueles los del viento, qué saña la suya.
Te desgarra los cabellos como garras de arpías queriendo llevarte al infierno. Te rompen la piel las zarpas de los arbustos, la sangre se derrama, duelen en tan despiadado frío, y tus pasos siguen adelante.
¿Por qué gotas de hielo caen de tus ojos? ¿Por qué dejas la caja fuerte sin llave?
No quieres que se rompa el tesoro que guarda, eso te duele demasiado. Es un tesoro grande, pero viejo y ajado por constante maltrada. Se ha endurecido como coraza de tortuga y sólo el fuego más cálido lo emblandece por momentos.
Permaneces errante sin mapa ni guía. Asciendes, desciendes, tropiezas, ruedas, saltas, no vas a detenerte.
Gritas histérica, lloras colérica, murmuras despectiva, gimes adolorida en silencio. Te caes a pedazos, el tesoro se ha roto y los pasos se vuelven más vacilantes.
Pesa demasiado, las herides son kilos cada vez más grandes. ¿Por qué sigues adelante? ¿Por qué no quemas el tesoro, terminas el trabajo del destino y le pones fin a todo?
Quisieras, a veces lo deseas, pero no puedes. Tu implacable orgullo, perdición de tantos hombres más débiles, no te lo permite, es tan tozudo como el más necio en su capricho.
A tropezones caminas, porque tus pies no quieren detenerse ni descansar. El viento es cruento, el destino avaro, y tú una muñeca a merced de sus desvaríos.
Te miran con lástima y te incitan a seguir adelante, pero no los necesitas para hacerlo. Tú eres más grande que tus verdugos, piensas, y como no puedes relacionar la palabra sin la acción, pues no hay hipocresía en tu alma, lo demuestras, yendo un poco más adelante, un poco más a tientas, un poco más fuerte.
No te aguardan consuelos ahí adelante, al menos tú ya no crees en ellos. Nadie curará el tesoro que guardas con celo, ha muerto esa esperanza.
Pero no vas a caer ni rendirte. Porque para ti te han declarado la guerra y no piensas cederla.
Y por eso la sangre corre alegremente por tus manos, por eso las lágrimas son más potentes, el dolor un poco menos agudo.
Tu fe se tambalea, tu voluntad quiere deblegarse.
Pero tus rodillas no se doblan ni tus pies van a detenerse.
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