|
 |
| 12/13/2009 |
report photo |
permalink |
| |
DOLOR OCULTO Por fin conseguí la fuerza necesaria para cerrar la revista. Se la tendí de regreso a Alice, como si me quemara al rojo vivo tenerla entre mis manos.
La habitación se quedó en silencio, pero podía percibir el ambiente reinante. Bastaba con echarle un vistazo al rostro de mi tía, tan triste por mi que dolía siquiera verle; o al de Stan, que evidentemente también estaba dolido, sólo que por diferentes motivos. Incluso podía imaginar perfectamente que su mente era un hervidero de preguntas sin respuesta.
–Renesmee… –tía Alice estiró su mano su mano hacia mí, en claro intento de reconfortarme.
–No, por favor… –detuve su gesto de inmediato. Odiaba que me tuvieran lástima, aún cuando se tratara de aquellos que significaban mucho para mi –Tus recuerdos… yo estoy muy alterada y… no, por favor. –Pronuncié atropelladamente mi excusa. A pesar de mi balbuceo torpe, mi tía pareció comprender la razón de mi rechazo a su contacto, pero aún así mantuvo el gesto triste.
Ella sabía sólo una parte de toda la historia. Sabía qué había pasado con mi bebé, sabía que había terminado huyendo de mi pasado, pero no sabía el por qué o el cómo habían sucedido las cosas. Sí, quería pensar que ella no conocía toda la historia, sino apenas lo suficiente para entender mi tristeza. No soportaba la idea que conociera la clase de monstruo que podía llegar a ser yo.
–¿Te casaste? –La voz de Stan sonó áspera, teñida tanto de incredulidad como de algo parecido al dolor, al reclamo. No podía asegurarlo con certeza, en esos momentos yo tenía demasiado en la cabeza con qué lidiar. –¿Tuviste un hijo de… él?
Apreté nuevamente la quijada, sintiendo un enorme nudo en la garganta que me impedía respirar siquiera. Era una horrible tensión en todo mi cuello, en la mandíbula, que ni siquiera estaba segura de que pudiera encontrar mi voz.
–¿Por qué jamás me contaste esto? –por un momento creí que la airada pregunta estaba dirigida a mí, pero me sorprendí bastante al descubrir la mirada furiosa de Stan clavada en tía Alice. Empezó a disparar las palabras a tal velocidad que no me permitió siquiera intentar responder a sus preguntas –Pensé que éramos amigos, tenía que saberlo. Debía de saberlo…
–No es mi historia, no es mi dolor ni mis heridas –respondió con precisión Alice –Además, sus vidas ya no estaban enlazadas, ya no se pertenecían, ¿para qué complicarlo más? No se me hacía justo para ninguno de los dos contarte su vida.
–De haber sabido cómo estaban las cosas... –Expiró con fuerza, como impotente, frustrado, pero ¿por qué? –Debiste decírmelo la primera vez que vinieron a mí.
Parpadeé confundida. Ahora era yo quien estaba perdida en esa pequeña charla entre mi tía y Stan.
–¿Qué quieres decir con eso de la primera vez que fueron a ti? –intervine preguntando un poco aturdida, tratando de encontrarle lógica a la conversación.
–Jasper y yo hemos estado en contacto con Stanislav prácticamente desde que él se fue de Forks –intervino mi tía con suavidad.
–¿Por qué? –a cada segundo me sentía más liada con lo que escuchaba.
–Porque estamos en deuda con él –enarqué la ceja, contrariada.
–¡Tonterías! –Stan puso los ojos en blanco, como si no fuera la primera vez que escuchaba decir eso a Alice, y por lo visto, no le gustaban nada sus palabras. Incluso creí ver un destello de incomodidad en su mirada –Ya te he dicho que eso no es verdad.
–No es ninguna tontería. Te debo la vida, tú me ayudaste aquella noche durante la pelea con los Vulturis. Si no hubiera sido por ti, si no hubieras intervenido para ayudarme contra aquél miembro de la guardia, yo habría caído también. Jasper y yo estamos conscientes de ello y por eso tendrás nuestro agradecimiento eterno.
–¿O sea que son amigos? ¿Y papá lo sabe?
Hubiera querido preguntar más bien “¿Y mi padre permitió esa amistad?”, pero era meterme en terrenos más arenosos.
–Sí, somos amigos –respondió enfática tía Alice –Y si tu padre lo sabe o no, eso no es importante. El es mi hermano, lo adoro, pero no dicta mi existencia ni a quienes quiero en ella.
Me sorprendió un poco lo rotundo de la afirmación de mi tía. No sé, me pareció que sonó más a una declaración de independencia contra el tirano opresor. Ok, ese no era el caso de mi padre, pero debía reconocer que a veces era un poquitín obstinado con sus puntos de vista y sus decisiones.
–Entonces es por eso por lo que estás aquí, ¿verdad? –dije clavando mi mirada en Stan –Viniste en mi ayuda por tu amistad con mis tíos.
–Estas equivocada. –Me respondió devolviéndome la mirada con el doble de intensidad. Odiaba que hiciera eso, odiaba que me mirara de esa manera; hacía que el corazón me diera un vuelco que creía olvidado, que viejos anhelos dormidos trataran de resurgir. Oh, sí, lo odiaba por lo bien que me hacía sentir. –Estoy aquí por ti.
Un estremecimiento involuntario me recorrió por todas mis terminales nerviosas, un estremecimiento de anhelo y anticipación. No era justo, me estaba costando lo
|
|
|
| |
| Guest Book (10) | | |  IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: impensable mostrarme fría y contenida con él, y Stanislav parecía dispuesto a atacarme con sus mejores armas. “No tienes derecho. ¡Traidora!”, me gritó con desprecio mi consciencia, recordándome que mi destino era penar y cargar con mis propias culpas hasta el último día de mi existencia. Esa era mi penitencia, ese era mi castigo por ser quien era, por el montón de errores cometidos, por el enorme dolor causado a tantos inocentes… Stan no dejaba de mirarme, expectante, como esperando alguna respuesta en específico de mi parte. –¿Y eso qué significa? –pronuncié al fin mirándolo a la cara. En realidad me hubiera gustado decir algo muy diferente, pero sabía que no tenía derecho de pronunciar esas palabras. No merecía ni siquiera un atisbo de felicidad, ese era mi castigo. –O mejor dicho, ¿qué significa ahora? –pronuncié con una mueca casi despectiva. –¿Qué demonios pasa contigo? ¿Quién eres? –Stanislav me tomó con fuerza por los hombros zarandeándome ligeramente en el proceso, importándole poco mi renuencia a que me tocaran. –¡Suéltame! –mascullé entre frenética y furiosa. –No, hasta que consiga hacerte reaccionar. ¿Qué tengo que hacer para sacarte de ese maldito letargo? Eres apenas una patética sombra de lo que alguna vez fuiste. –¿Y a ti que te importa? Tú te fuiste hace años, tú me olvidaste y seguiste adelante. “Sin ataduras” dijiste… –Sí, sin ataduras ni remordimientos. Eso dijimos alguna vez, pero también te dije que jamás te olvidaría y no lo
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: lo hice. Por eso vine, por eso volví. –¡Demasiado tarde! –grité zafándome de su contacto al fin. –¡A quien viniste a buscar ya no existe y nunca volverá! –Oh, cierto –respondió con sorna –Ahora tenemos a Carlie, viviendo una vida de mentiras, excusándose en la autocompasión para… –No te atrevas a criticarme –dije tajante, casi rechinando los dientes de coraje –¿Quién te crees que eres para hacerlo? No sabes lo qué he vivido o lo que he tenido que lidiar en estos años. –No, pero empiezo a entenderlo… Dime, ¿por qué abandonaste a tu esposo y a tu hijo? ¿Cuándo te volviste tan egoísta como para hacerlo? –pronunció con dureza. –¡Stan! –lo reprendió mi tía, pues yo prácticamente perdí el habla con su acusación. Sus palabras fueron como una patada directa a mi plexo solar. –No tienes idea de lo que estás diciendo… –Yo nunca… yo no me casé con Jacob –pronuncié con la voz estrangulada, cargada de tensión y angustia –Sí, estuve embarazada de él. Sí, traté de hacer una vida con él, pero… –respiré profundamente, sentía el ardor de las lágrimas luchando por salir mientras mi obstinación se negaba a permitirlo. En las últimas doce horas había consentido que todo el control de hierro que ejercía sobre mis emociones se quebrara. Tenía que empezar a recuperarlo antes de que terminara hecho añicos. Con una velocidad que no había usado en años, me agaché para recoger mi bolso junto con las cosas que se habían salido de él y las metí tan rápido como pude antes de volver a
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: ponerme de pie. –Yo no abandoné a mi esposo, me alejé de Jacob para no seguirle haciendo daño… Y tampoco abandoné ningún hijo, ¿sabes? Mi bebé apenas vivió unos minutos después del parto… El silencio se instaló en la habitación, de esa clase de silencios espantosamente incómodos. Tía Alice bajó la mirada con una mueca triste mientras Stan se había quedado sin habla, casi boqui-abierto por mis palabras. Es más casi podría jurar que había palidecido más de lo que ya estaba. A pesar del tiempo y de las distancias, hablar de mi bebé, de mi pequeño Isaiah, dolía terriblemente. Pronunciar cada palabra sobre el tema era como beber ácido muriático. –Supongo que tengo que darles las gracias por ponerme sobre aviso –dije al fin, dando pasos hacia atrás para salir de ahí. Alargué la mano hacia mi espalda, aferrando la perilla de la puerta como si se tratara de mi tabla de salvación. –No puedes irte –pronunció mi tía con voz casi suplicante –Aún tenemos mucho de qué hablar, tenemos qué ponernos de acuerdo en lo que vamos a hacer… –No puedo quedarme… –dije abriendo la puerta y dando un paso a través de ella – Ya me encargaré yo sola de lo que me toca. –pronuncié dando un último vistazo hacia ellos antes de cerrar la puerta y salir prácticamente corriendo por el pasillo hacia el ascensor. Por un momento temí que mi tía o Stanislav decidieran seguirme, tenía que poner distancia, tratar de aclarar mi mente y hacer que el dolor de los recuerdos desapareciera. Cuando al
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: fin me monté en el taxi rumbo a mi departamento, por fin pude empezar a respirar más o menos con normalidad nuevamente. –¿A dónde, señorita? –Al Bronx, a Bedford Park, en la Avenida Bainbridge y la 199 Este… El conductor me lanzó una rápida mirada curiosa a través del espejo retrovisor mientras echaba andar el taxímetro. Supuse que mi aspecto sería un completo desastre, tal como era mi interior en esos momentos. Un nuevo escalofrío hizo que me abrazara con fuerza y me regañé por la estupidez de dejar mi abrigo en la habitación de Alice, pero ¿qué le iba a hacer? No pensaba regresar por él, me sentía exhausta, sin fuerzas como para volver a hacerles frente nuevamente. O mejor dicho, para un nuevo enfrentamiento con Stanislav. Volteé la mirada hacia atrás, observando cómo el Waldorf-Astoria iba quedando a la distancia. “¿Qué demonios había pasado? ¿Por qué terminé peleando con Stan?” pensé mientras los escalofríos me recorrían sin piedad. Tal vez fuera el frío de las cinco de la mañana, tal vez fuera el impacto de haberlo visto o incluso el montón de recuerdos enterrados que habían salido intempestivamente. O tal vez era la suma de todo, lo cierto es que lo que antes me había parecido mi perfecta y silenciosa vida anónima, ahora se desplomaba como un castillo de naipes y no había nada que yo pudiera hacer para evitarlo. –Toma. –La delicada y blanca mano de Adele puso frente a mí un enorme vaso de café humeante. –Creo que lo necesitas con
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: urgencia. –Gracias –sonreí mientras me ponía de pie. Era alrededor de medio día y tener 30 horas sin dormir comenzaba a pesarme. Había abandonado el Waldorf pasadas las cinco de la mañana, así que para cuando llegué a mi departamento, me di cuenta que no tenía caso que intentara dormir un poco, ¿para qué? Por lo que únicamente cambié las pantuflas por mi calzado deportivo, me peine (porque mi cabello parecía un nido de pájaros después de haberme pasado tantas veces los dedos por él) y salí rumbo al gimnasio que había a tres calles de mi edificio. Fui a mi habitual clase de yoga, necesitaba con desesperación relajarme aunque fuera por un par de minutos, poner la mente en blanco y no sentir que el mundo otra vez se me venía encima. Después de eso, ya sin tanta tensión acumulada en los músculos, tomé un bañó, me apliqué un montón de maquillaje para disimular las ojeras y salí rumbo a mi trabajo. –Creí que anoche ibas a ir con nosotros al “Perdition” –pronunció casi distraídamente Adele, sacándome de mis pensamientos. –Oh, sí, lo siento. Sé que habíamos quedado en eso, pero me dolía la cabeza y mejor me fui a casa. –Ah, con razón. Se me hizo muy extraño que ayer te fueras sin despedirte de nadie. Me encogí de hombros mientras le daba un largo trago al humeante espresso. Me escoció un poco la lengua por lo caliente de la bebida, y mi estómago emitió un vago gruñido, recordándome que también había pasado casi un día desde la última vez que había comido algo
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: sólido. –Supongo que esas ojeras se deben a tu dolor de cabeza, ¿no? –Aja… –había algo en la voz de Adele que me hizo recelar. –¿O no será también lo que salió en esa revista? –Ah, la leíste tú también –pronuncié secamente entendiendo al fin a donde quería llegar. –Pues claro, si nadie ha dejado de hablar de ello en toda la mañana. Guardé silencio, limitándome a beber nuevamente mi café. No había estado al tanto de que el resto de mis compañeros estuvieran cotilleando a mis espaldas; de hecho, no me extrañaba en absoluto que lo hicieran. Era lógico, pues la revista que había sacado el reportaje sobre mi pasado era bastante popular. En el trayecto de mi casa a la boutique había tomado la decisión de encerrarme todo el día en la bodega si era necesario, acomodando lo que fuera, a pesar de que eso significaba un día más sin comisiones extras por ventas. No quería verme expuesta al escrutinio de la clientela o de los paparazi que se apostaban afuera de la tienda buscando una foto mía o una entrevista. Aunque a decir verdad, ese día apenas si habían estado esperándome tres de ellos, pues para mi buena suerte, ese mismo día una famosa pareja de actores había anunciado su separación, así que los medios habían volteado hacia el nuevo escándalo de moda. –¿Y? –pronunció Adele –¿Y… qué? –¿Cómo que “qué”? ¿Es verdad lo que dice ahí? ¿Eres esa tal Rene-no-sé-que? –No –pronuncié enfáticamente. –Pero, mira… –no supe de dónde, pero Adele había sacado un
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: ejemplar del tabloide. –No puedes negar que se parece bastante a ti. –Mmm supongo –me felicité por lograr que mi voz saliera relajada. ¿Por qué no había sido capaz de mostrar tal control la noche anterior? –Aunque ella está más “llenita” que yo, el cabello es súper diferente al mío… Mira, ella lo tiene rizado y cobrizo, y el mío es lacio y rubio. –“Claro, gracias a la keratina brasileña y el peróxido” pensé –Y ella no tiene las cicatrices que tengo yo. –Es cierto, no me había fijado –pronunció observando una foto donde yo aparecía con un vestido de tirantes, un sombrero de paja y el impresionante paisaje de las playas de La Push de fondo. Hice un esfuerzo porque mi careta de tranquilidad no se viniera abajo al recordar ese momento… Había sido un domingo por la mañana. Yo estaba en la sala, leyendo un libro o mejor dicho, fingiendo leerlo mientras esperaba a que él saliera de la habitación. Billy Black, el padre de Jacob, había salido muy temprano esa mañana de pesca con mi abuelo, así que teníamos la casa para nosotros dos. Yo me había despertado temprano, un tanto nerviosa y emocionada a la vez. Pero tenía que hacerme esa prueba sin que Jake sospechara nada, quería darle esa sorpresa. Sabía cuánto quería ser padre; bueno, no me había dicho nada, pero era obvio que tener un hijo propio era uno de sus más grandes sueños. Sólo bastaba con verlo con Sam Jr y la pequeña Mary, los hijos de Sam y Emily Uley. Así pues, había entrado en el pequeño baño de la casa,
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: con la prueba que había comprado un día antes en la farmacia frente al hospital donde Jacob iba a tomar sus terapias de rehabilitación. Había logrado ponerse en pie en dos meses, para asombro de los doctores. Creían que era todo un milagro de la ciencia, aunque nosotros sabíamos que se debía más que nada a la increíble capacidad que tenían los licántropos para recuperarse de sus heridas, y también a la enorme fuerza de voluntad y disciplina que poseía Jake. Ahora caminaba con el apoyo de un bastón, pero no dudaba ni un segundo que en un par de meses más ya no lo necesitara para nada. Cuando vi la enorme cruz rosa pintada en uno de los extremos de la pequeña varita plástica blanca, no pude evitar derramar una lágrima de felicidad. Es más, quería pegar un grito de emoción, pero me contuve para no despertar a Jake y arruinar la sorpresa. Con cuidado, me deslicé nuevamente a la habitación que compartíamos en la vieja casa de los Black, tomé un post-it color amarillo fluorescente y con la mejor letra que pude (las manos me temblaban de la emoción) le escribí: “¡Felicidades! Vas a ser papá. Te espero en la sala, así que ven y dame un beso. Te quiero, R.” Pegué la nota en la pantalla de la televisión de 21 pulgadas que había en nuestra habitación y sobre ella dejé la prueba de embarazo con el resultado positivo. Salí con el mayor sigilo posible y me senté en el viejo sillón de la sala con una copia de “Cumbres Borrascosas”, uno de los libros favoritos de mamá y mío.
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: Esperé con paciencia a que él se despertara, intentando leer un poco, pero a decir verdad no había sido capaz de pasar de la misma página. Nerviosamente, me arreglaba el pelo o estiraba las imaginarias arrugas de mi vestido azul cielo, el cual me había puesto especialmente ese día porque sabía que a Jacob le encantaba. Era un vestido de manta, largo hasta los tobillos, con finísimos tirantes y escote en “V”. Jake decía que parecía una adorable hippie o una ninfa de los bosques. –¿Es verdad? –su voz sonó a mis espaldas, haciendo que en el acto me pusiera de pie y me volviera a verlo. La sonrisa de su rostro me provocó un vuelco en el corazón. Por fin empezaba a resarcirle todos y cada uno de los sacrificios que había hecho por mí; por fin empezaba a hacerlo feliz. La emoción pudo conmigo, así que únicamente pude asentir fuertemente, pues las lágrimas me habían dejado prácticamente sin habla. –¡Dios! ¡Es increíble! ¡Vamos a tener un bebé! –pronunció mientras me abrazaba con fuerza y me alzaba por los aires, dando vueltas conmigo por toda la pequeña habitación. Cuando por fin volvió a dejarme con los pies sobre el piso, me abrazó con dulzura mientras depositaba un montón de besos sobre mi cara, mis labios, mis manos. De verdad que estaba loco de contento con la noticia. –¿De verdad estás feliz? –le pregunté un poco insegura, pues sabía que todo estaba sucediendo demasiado a prisa. Si era honesta conmigo misma, el que él y yo estuviéramos juntos y con un bebé
 IIII_RenesmeeCullen_IIII @ 12-13-2009 said: en camino, mucho se debía a mis manipulaciones. –¿Y por qué no iba a estarlo? Te tengo a ti, estamos juntos y nuestro hijo viene en camino. ¡No creo que haya hombre más feliz en la tierra que yo en estos momentos! ¡Tenemos que celebrarlo! Cuando le cuente a los chicos… –Espera, espera –le interrumpí en el acto. Odiaba ponerle peros a su alegría, pero algunas cosas había qué hacerlas como era debido –Por favor, no les digas nada a los demás, ¿quieres? –¿Por qué? –preguntó perplejo –Porque primero se lo tenemos que decir a la familia, ¿no crees? –Bueno, cuando mi padre y tu abuelo regresen esta tarde, se los diremos. –No me refería únicamente a ellos… –lo miré compungidamente. –Oh, cielo… Lo siento, cariño. Supongo que no te conformarías con llamar por teléfono a tus padres y darles la noticia, ¿verdad? *HASTA AKI* PROX: “Tal vez no sea una mala idea. Podrías verlo como tu despedida de esta gente”, pronunció mi voz interior. Le di vueltas al asunto una y otra vez. Sí, esa noche iría con mis amigos, esa noche me divertiría como nunca. Una Carlie Masen sonriente y divertida sería el recuerdo que quería dejarles a esas personas que habían compartido parte de sus vidas conmigo en los últimos años. Oh, porque ya había llegado a una conclusión. Yo me iba a largar de ahí ese fin de semana. Iba a desaparecer y empezar en otro lugar, con otra gente, con otro nombre. Ya no me podía quedar ahí, no después de que mi pasado me explotara en la cara.
|
| |
| | Next > |
| |
|
|
|
|