Por esta cruz te matar茅.. - Libro
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20/02/2010

Por esta cruz te matar茅..

Por esta cruz te matar茅..

Espero que este libro sea de bendici贸n para sus vidas como lo fue para mi...

Por esta cruz te matar茅 - Bruce Olson

Cap铆tulo 1:
DE VUELTA A LA SELVA

Bobby y yo encontramos a Ayaboquina, el jefe in-
dio motil贸n, en un claro de la selva en lo alto de
un escarpado risco.Estaba solo. Los verdes reto帽os
de los bananeros y los brotes de yuca romp铆an la
corteza de la tierra y hab铆a suficiente espacio para
el pastoreo de ganado en las veintid贸s hect谩reas de
terreno. Mientras convers谩bamos con Ayaboquina so-
bre la forma en que estaban progresando los indios,
escuchamos el ruido producido por un bote a motor
que se acercaba por el r铆o. Estaba demasiado pr贸xi-
mo a la ribera para que pudi茅ramos verlo pero o铆mos
cuando atrac贸. Generalmente lleva varios minutos
antes que alguien pueda llegar desde el r铆o hasta
el claro donde est谩bamos, pero mucho antes de lo
esperado apareci贸 un hombre de rostro curtido.
-Buenas tardes - salud贸 谩speramente en castellano.
Estaba sin aliento y esper贸 impacientemente mientras
yo prosegu铆a mi conversaci贸n con Ayaboquina.
Por el rabillo del ojo pude ver que era Humberto
Abril, un bandido que se hab铆a establecido en la
zona. Sab铆a de su mal car谩cter y de sus amenazas
a los motilones. En estos momentos estaba furioso.
Cuando termin茅 mi conversaci贸n con Ayaboquina,
le dije: - Buenas tardes, Humberto.
Sudaba copiosamente; gruesas gotas le ca铆an por
sus mejillas hundidas. Su aspecto me intranquiliz贸.
-He venido a decirle que se retiren de mi tierra
-nos espet贸-. Esta es mi tierra. Soy un colono
colombiano. Tengo el derecho de reclamar tierra
para colonizar, y reclamo este terreno. Ustedes deben
retirarse inmediatamente...
Todo el tiempo se dirigi贸 a m铆, pero fue Bobby
quien le interrumpi贸. -Y yo tengo algo que decirle
a usted.
Habl贸 con lentitud, calmosamente,pero con de-
sici贸n. -Esta tierra es nuestra. Siempre ha sido
nuestra y siempre lo ser谩.Ya le hemos cedido de-
masiado terreno. Seis meses atr谩s, a su pedido, le
cedimos tierras, 驴y qu茅 hizo con ellas? Las vendi贸,
y ahora exige m谩s. Pero no le vamos a dar ni un
metro m谩s. Vamos a proteger lo que es nuestro.
La discusi贸n fue muy breve. Humberto comenz贸
a temblar. Los m煤sculos de su cuello se pusieron
tensos como arcos; su cara se torn贸 roja como la
grana. Tom贸 a Bobby de los hombros y le grit贸:
-Estas son mis tierras. Son m铆as. Todos los intru-
sos tienen que irse inmediatamente.
Solt贸 a Bobby y se qued贸 parado, temblando de
indignaci贸n.
Sent铆 un fr铆o que me corr铆a por la espalda. Pero
Bobby estaba seguro de s铆 mismo. -Usted est谩 equi-
vocado. Estas tierras no le pertenecen y no le per-
tenecer谩n -respondi贸 tranquilamente.
-C谩llate -grit贸 Humberto-. C谩llate. C谩llate, in-
dio inmundo.
De la comisura de los labios le brotaba una saliva
blancuzca que hab铆a resaltar el rojo de su cara. Puso
su dedo 铆ndice en cruz con el pulgar derecho y ex-
tendi贸 su pu帽o hacia nosotros. Sus ojos le sal铆an
de las 贸rbitas y su mano temblaba espasm贸dicamen-
te. Bes贸 sus dedos. -Por Dios -exclam贸, besando
de nuevo sus dedos y escupiendo en el suelo - por los
santos-. Escupi贸 de nuevo mientras sacud铆a su ca-
beza tan violentamente que m谩s parec铆a un espasmo
que un movimiento consciente. -Por la sant铆sima
Virgen.
Escupi贸 por tercera vez. -Y por esta cruz.
De nuevo escupi贸, y entonces, mir谩ndonos fija-
mente, aproxim贸 a su boca el pulgar y el 铆ndice en
forma de cruz y los bes贸. Su voz adquiri贸 una ento-
naci贸n gutural: -隆Te matar茅!
Y luego grit贸 a voz en cuello: -Juro, por esta
cruz, que te matar茅.
Dio media vuelta sobre sus talones y se encamin贸
en direcci贸n al r铆o. Clavados nuestros ojos en la
nuca lo vimos alejarse hasta que desapareci贸. Su
cuello todav铆a estaba rojo y sus m煤sculos distendidos
como arcos. No cambiamos ni una palabra entre
nosotros hasta que escuchamos que el bote arranca-
ba y se perd铆a en la distancia.
Yo temblaba como una hoja. -Bobby, nos ma-
tar谩. Tiene toda la intenci贸n de hacerlo.
-Claro que s铆, Bruchko.
-驴Y qu茅 podemos hacer para evitarlo?
Juntamente con Ayaboquina y Bobby imaginamos
algunas medidas precautorias.
-Pero, Bruchko -me dijo Bobby -en estos casos
no hay medidas valederas de seguridad. S贸lo Dios
nos puede ayudar.
Los tres inclinamos nuestras cabezas y hablamos
con Dios. Al hacerlo mis temores fueron reemplaza-
dos por un gozo parecido al que se apoder贸 de mi
cuando me encontr茅 con Bobby esa ma帽ana. El gozo
se meti贸 en mi alma y sent铆 como si bajara a mi
est贸mago. Y sin embargo no era el mismo gozo. Era
mucho m谩s hondo, algo as铆 como si le hubieran in-
yectado el dolor, el peligro y el temor, d谩ndole m谩s
profundidad, m谩s tibieza, m谩s sensibilidad.
porestacruztematare Age: (No information) Lives in: Tacuarembo, Uruguay Category: Artistic
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Guest Book (20)
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:

Cu谩ntas cosas hab铆an sucedido en las pocas horas
transcurridas desde que el avi贸n en que viaj茅 circula-
ba, antes de aterrizar, sobre la localidad de R铆o de
Oro. All谩 abajo pod铆a divisar la selva que se perd铆a en
el horizonte, una gruesa y tupida alfombra verde.
A mi derecha tuve el primer atisbo de una raya ma-
rr贸n sucia, como una hebra fuera de lugar sobre una
alfombra verde. Era el r铆o Catumbo. Sobrevolamos
el r铆o por encima del embarcadero y vi el pu帽ado
de casas que formaba la aldea, nuevas, casi todas
ellas. Parec铆a perdida en la inmensidad de la selva.
Pero est谩 creciendo, pens茅.
Medit茅 sobre el hecho de que apenas diez a帽os
antes en el lugar donde est谩 la aldea no se ve铆a otra
cosa que la copa de los gigantescos 谩rboles que ata-
jaban el sol y a cuya sombra crec铆a un denso y um-
br铆o follaje. Tal vez un papagayo chill贸 a mi paso.
Ahora, en ese mismo lugar, hab铆a una aldea.
Senti una oleada de gozo, no por la vista de la
aldea, sino porque volv铆a de Estados Unidos y estaba
a punto de reunirme con Bobby, mi amigo del alma.
Pegu茅 mis ojos a la ventanilla tratando de ver lo
que hab铆a por delante, tiritando de emoci贸n.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:

Cuando el viejo y gastado DC3 perdi贸 altura para
aterrizar pas贸 raspando la copa de los 谩rboles y por
un momento cre铆 que nos estrellar铆amos en medio
de la selva. Pero de pronto el follaje se abri贸 y
apareci贸 a nuestra vista una angosta picada en el
monte. Tocamos tierra golpeando pesadamente y re-
botando, y con un chirrido de frenos el avi贸n se
estabiliz贸 en la angosta pista.
Mientras correte谩bamos hacia el final de la pista
mis ojos buscaban ansiosos a Bobby entre las per-
sonas congregadas all铆. No lo encontr茅. Pero al bajar
por la rampa lo vi a un costado, con su poderoso
torso que hablaba de su fuerza y agilidad aun bajo
la holgada camisa roja y sus pantalones negros. Su
cara era m谩s oscura que las dem谩s personas que
aguardaban, pero a煤n a la distancia observ茅 el brillo
de sus dientes blancos. Sus labios abiertos en franca
sonrisa parec铆an decir: -Est谩s de vuelta, Bruchko,
y eso es bueno.
Nunca me llamaba por mi nombre Bruce.
Ech茅 a correr. Cuando nos encontramos le d铆 un
fuerte abrazo a lo indio motil贸n. Tiene que haber
sido un espect谩culo: un indio bajo y de tez oscura
abrazando a un norteamericano alto y rubio. Pero
para nosotros no hab铆a diferencia alguna.
-Hermano m铆o -lo salud茅. Mi hermano Boba-
rishora.
La ocasi贸n era solemne y es por ello que me dirig铆
a 茅l de esa manera.
Extend铆 mi brazo tom谩ndolo de los hombros. -Te
veo muy bien -le dije-. 驴C贸mo est谩 tu esposa? 驴 Y
tu hijo? 驴
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
-Mi esposa est谩 perfectamente bien -me con-
test贸-. Goza de buena salud y es feliz. Y adem谩s
est谩 encantada de ser la madre de un hermoso y
saludable hijo.
-驴De modo que el ni帽o tambi茅n est谩 bien?
-Oh, si. Es gordo. Si lo vieras. Y ya anda por
todos los lados de la casa, movi茅ndose como un mo-
nito
-Vamos -a帽adi贸-. No podemos quedarnos pa-
rados aqu铆 todo el d铆a. Buscar茅 tu equipaje.
Mientras nos dirig铆amos al avi贸n para reclamar
el equipaje, Bobby pregunt贸: -驴Y qu茅 tal te fue en
Estados Unidos?
Volvieron a mi memoria los miles de rostros y
las interminables piezas de hotel todas iguales. Sa-
cud铆 mi cabeza.
-En realidad no lo s茅, Bobby. Por lo menos las
cosas que tuve que hacer las hice. Pero estoy muy
contento de haber vuelto.
Bobby charl贸 sobre su familia. Era el mismo hom-
bre feliz de siempre. Brillaban sus negros ojos. Me
preocup茅 much铆simo cuando muri贸 su hija; durante
varias semanas estuvo melanc贸lico y de mal humor
y bloqueada toda comunicaci贸n. Pero ahora no deja-
ba de sonre铆r.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
Luego de recoger el equipaje decidimos comer. Nos
dirigimos al barrio levantado al lado del aer贸dromo.
Las nuevas viviendas bordeaban las angostas calles
pavimentadas con arena gruesa. Sus fachadas sin
pintar ol铆an a madera reci茅n cortada y sus techos de
chapa brillaban en contraste con las casas m谩s anti-
guas techadas con hojas de palmera. Eran edificios
endebles y desvencijados dando la impresi贸n que
no habr铆an de aguantar por mucho tiempo.
Yo no hab铆a probado bocado en el avi贸n y Bobby
se ri贸 con ganas cuando me vi贸 engullir la sabrosa
comida colombiana.
-De ahora en adelante tendr谩s un est贸mago lleno,
Bruchko -me dijo.
Bien sab铆a yo lo que quer铆a decir. Para un indio
motil贸n tener el est贸mago lleno es m谩s que haberse
hartado. Significa contentamiento, sentirse satisfe-
cho de la vida, ser feliz. Expres贸 con toda precisi贸n
mi estado de 谩nimo en esos momentos.
-驴C贸mo anda el programa ganadero? -le pre-
gunt茅.
-Anda muy bien. Estuve preocupado la semana
pasada porque enferm贸 una de las vacas del alti-
plano. A decir verdad, algunas murieron. Cre铆 por
un momento que yo tendr铆a que hacer todo el traba-
jo de atenderlas y curarlas. Pero todo sali贸 bien.
Los jefes se hicieron cargo de ese problema; aplica-
ron los remedios que hac铆a falta y atendieron a
las vacas hasta que recuperaron la salud. Ahora es-
t谩n perfectamente bien y dan abundante leche.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:

Se inclin贸 hacia adelante y sus ojos brillaron con
una mirada picaresca. - Sabes, Bruchko, nos sobr贸
leche en Iquiacarora y se estaba echando a perder.
De modo que hicimos queso.
-驴Qu茅? 驴 Hicieron queso? 驴 Pero, c贸mo lo hicieron?
Hizo un gesto de sorpresa. -Y lo hicimos, de la
misma manera en que siempre se hace el queso.
Luego rompi贸 a re铆r. Seguramente mi rostro re-
velaba mi perplejidad. -Cont谩bamos con las p铆ldo-
ras que nos dejaste. Le铆mos las instrucciones y nos
dimos ma帽a para hacerlo. Sali贸 estupendo. Podr谩s
comer un poco cuando lleguemos a Iquiacarora, si
es que han dejado algo.

Me ech茅 atr谩s en mi asiento, realmente asombra-
do. Diez a帽os atr谩s Bobby no era m谩s que un ni帽o
amistoso con una encantadora sonrisa. Ahora era
un l铆der de su gente. El hacer queso no era nada
de gran importancia en s铆 mismo. Pero hablaba bien
a las claras que los motilones pod铆an bastarse a
s铆 mismos.
-Bobby -le dije- ahora eres un l铆der de tu
pueblo. Tienes sobre tus espaldas una gran respon-
sabilidad.

PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
Se encogi贸 de hombros. -En realidad no soy s贸lo
yo. Hay muchos otros hombres que pueden ocupar
mi posici贸n. Pero adem谩s, Bruchko, es Jesucristo
el que nos acompa帽a. Conoce nuestro andar y sabe
qu茅 cosas necesitamos. En tanto no tratemos de
enga帽arlo nuevamente, 茅l ser谩 nuestro verdadero
l铆der.
Hice un gesto de asentimiento.
-Vieras las escuelas, Bruchko -dijo Bobby-.
Est谩n llenas a m谩s no poder. La mayor铆a de los alum-
nos han le铆do todos los libros que tradujimos y
quieren m谩s. Especialmente quieren m谩s del Nuevo
Testamento. Conversan de las cosas que aprenden
como si discutieran de una partida de caza. Y tam-
bi茅n los viejos. Tendremos que ponernos a trabajar
en firme y traducir m谩s material o no nos dejar谩n
en paz.
Me re铆. -Muy bien. Nos ocuparemos de eso no
bien podamos. Podremos avanzar m谩s r谩pidamente
ahora puesto que ya hemos logrado traducir las pala-
bras m谩s dif铆ciles.
Me hac铆a feliz la idea de poder traducir m谩s ma-
terial. Adem谩s, traduciendo aprend铆a much铆simo de
la Biblia. Pens茅 un rato en el vocablo que significa-
ba fe en el idioma motil贸n, la palabra cuyo sentido
era "atarse" a Dios de la misma manera que un
indio motil贸n ata a su hamaca en las altas vigas de
su hogar comunitario. "Atado" a Jes煤s garantizar铆a
el descanso y el sue帽o y poder cantar a gran altura
sin temor de caer al suelo.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
-隆Cu谩nto me alegro de estar de vuelta contigo,
Bobby! -le dije-. Te extra帽茅 todo el tiempo que
estuve ausente. Me imagino que estoy "atado"a la
gente motilona.
-Tambi茅n nosotros estamos atados a ti- Bruchko.
El mozo nos trajo caf茅, bien cargado y caliente.
Bobby mov铆a lentamente la cucharita disolviendo el
az煤car, cuando de pronto su sonrisa se transform贸 en
un gesto adusto. -Hemos tenido problemas con los
colonos. Nos han enviado cartas amenazadoras.
No era la primera vez que nos importunaban los
colonos. Algunos eran pr贸fugos de la c谩rcel y viv铆an
en la frontera para evitar el arresto. Est谩ban intere-
sados en apoderarse de la tierra de los motilones
para instalar sus propias granjas y declarar esa zona
como territorio de refugio.
-Qu茅 es lo que quieren ahora? -pregunt茅
-Oh, tu ya lo sab茅s. M谩s tierra. M谩s de nues-
tra tierra. Nos tratan como animales para empujar-
nos en la direcci贸n que m谩s les convenga.
-驴Crees entonces que esto va en serio y no son
simples amenazas?
-En realidad no lo s茅, Bruchko. Puede ser que
sea en serio. La mayor铆a de los colonos han hecho
causa com煤n con los bandidos, y eso quiere decir
que no se detendr谩n ante nada con tal de obtener
su prop贸sito. Piensan que si los bandidos logran
echarnos de nuestra tierra, en 煤ltima instancia se-
r谩n los colonos los futuros propietarios, porque los
bandidos jam谩s se ocupar谩n de labrar la tierra ellos
mismos.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
-Entonces, 驴qu茅 es lo que vas a hacer, Bobby?
Su rostro se ensombreci贸 y baj贸 la vista. -Bueno,
por lo menos puedo decirte lo siguiente: no les va-
mos a ceder m谩s tierra. Lo hemos hecho una y otra
vez, y no tiene miras de acabar. Esta vez nos pro-
tegeremos. Pero, Bruchko -dijo levantando la vis-
ta-. Espero y ruego a Dios que no tengamos que
llegar a eso.
Tuve mucho tiempo para meditar en sus palabras
mientras remont谩bamos al r铆o en la canoa. El viaje
durar铆a alrededor de siete horas y el poderoso motor
marca Briggs y Stratton hac铆a tanta bulla que era
imposible hablar. Parec铆a mentira que los colonos
estuvieran alborotando de nuevo. Era el colmo de
la falsedad y la hipocrec铆a. M谩s de tres mil colonos
recibieron tratamiento m茅dico en los centros moti-
lones de sanidad. Recurr铆an a nosotros de buen grado
cuando necesitaban ayuda. Los motilones le dieron
sin cobrarles absolutamente nada remedios y medica-
mentos. Y, sin embargo, cuando quer铆an la tierra
de los motilones no trepidaban ante nada para ob-
tenerla.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
Sonre铆 al dar vuelta la cabeza y verlo a Bobby
con el tim贸n en la mano. 隆Qu茅 raro que era todo
esto! Raro que yo me encontrara en este lugar y
raro que albergara por esta gente un sentimiento
tan profundo. Fue Dios quien me trajo. Jam谩s hu-
biera venido de voluntad. Y aun cuando hubiera sido
as铆 me habr铆a sido imposible resolver todos los pro-
blemas que se me plantearon, soportar la soledad,
vencer los peligros. En pocas palabras, nunca hu-
biera abandonado mi hogar en Minne谩polis de no
haber contado con su decidida y vigorosa presencia.
Sentado en la canoa agradec铆a a Dios por Bobby,
por los motilones, por la selva que nos rodeaba y
que nos tapaba como un manto. Enormes 谩rboles de
delgados troncos se estiraban hacia arriba en su es-
fuerzo por ver al sol, que apenas lograba filtrarse
entre el follaje. Gruesas capas de musgo colgaban de
cada 谩rbol, en el suelo umbr铆o crec铆an en profu-
si贸n lianas, arbustos y helechos hasta del tama帽o de
un hombre, de un verde esmeralda. Cuando el r铆o se
angostaba y pas谩bamos bajo los 谩rboles se oscurec铆a
como de noche. El aire caliente y h煤medo era sofo-
cante. Nubes de insectos nos atacaban. Pero yo era
inmensamente feliz. Este era mi hogar. En cualquier
otro sitio me sent铆a fuera de lugar.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
Navegamos durante cinco horas y media. Ninguno
de los dos rompi贸 el silencio. Pero no se rompi贸 la
comunicaci贸n. De vez en cuando indic谩bamos un ob-
jeto u otro y record谩bamos experiencias pasadas. No
hab铆a se帽ales de vida en el r铆o. Algunas aves de vivos
colores se hac铆an ver entre los 谩rboles y luego des-
aparec铆an. Cuando detuvimos el motor para cargar
combustible, escuch谩bamos el bramido de alg煤n ani-
mal. Pero no hab铆a se帽al alguna de vida humana.
De pronto, tras un recodo del r铆o, llegamos al pue-
blo donde viv铆a Ayaboquina.
Bobby me dirigi贸 una mirada interrogadora, y
gesticul贸 en direcci贸n a la casa que estaba en lo
alto del risco. Le铆 en su gesto una pregunta: 驴Quie-
res parar aqu铆? Asent铆 con la cabeza. Atrac贸 el
bote en la orilla, y lo atamos a un 谩rbol. Luego
r谩pidamente, ascendimos por la escarpada ladera. En
lo alto, a pocos pasos de la casa hab铆a un letrero
grande y nuevo. Anunciaba, con letras legibles, que
de ah铆 en adelante era territorio motil贸n y estaba
prohibida la colonizaci贸n.
Se帽al茅 el letrero. - De manera que el gobierno fi-
nalmente se decidi贸 a colocarlo, 驴verdad?
-S铆. Hace dos semanas.
Preguntamos en la casa por Ayaboquina y una de
las mujeres nos inform贸 que se hallaba en el claro
a corta distancia de all铆. Estaban edificando una
nueva vivienda y habr铆a tambi茅n una escuela y un
centro de asistencia m茅dica en las proximidades.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:

Fue all铆 donde hallamos a Ayaboquina y fuimos
amenazados por Humberto Abril. M谩s tarde medit茅
en sus palabras. "Por esta cruz te matar茅". Eran
palabras heladas, que daban escalofr铆os. 驴Ser铆an na-
da m谩s que una maldici贸n, nada m谩s que una ame-
naza? 驴O ser铆an m谩s que eso? 驴 Acaso fueran pala-
bras prof茅ticas de algo que la cruz ten铆a intenci贸n
de hacernos?
Era por la cruz que yo pod铆a amar a los motilones
y ser amado por ellos. 驴Pero era tambi茅n debido a la
cruz que yo ten铆a que morir? 驴 Tambi茅n por la cruz
ten铆a que morir Bobby?
PORestaCRUZteMATARE @ 02/20/2010 said:
CAP脥TULO 2: 驴QUIEN ES MI DIOS?

-驴Qui茅n es mi Dios? -pregunt茅. Ten铆a enton-
ces catorce a帽os. -驴Qui茅n es?
Naturalmente nadie respondi贸, pues estaba solo.
Pod铆a o铆r el ruido de la pelota y los silbatos del
谩rbitro en las pr谩cticas de entrenamiento de f煤tbol.
Por mil茅sima vez ansi茅 tener la habilidad deportiva
suficiente para integrar un cuadro.
Pero en mi mente rondaban otras cosas aparte
del deporte...cosas que me ten铆an preocupado des-
de d铆as atr谩s.
-驴Qui茅n es mi Dios? -me pregunt茅 nuevamen-
te-. Claro est谩 que existe el Dios luterano del cual
hablamos en la iglesia. Est谩 el Dios de todas las igle-
sias cristianas seg煤n estudiamos en el colegio. Tam-
bi茅n est谩 el Dios de quien he le铆do en la Biblia. 驴Pe-
pero, cu谩l de ellos es mi Dios?
No recib铆 ninguna respuesta del helado cielo de
Minnesota. Emprend铆 el camino de regreso a casa.
Parec铆a que nadie conoc铆a la respuesta adecuada.
El domingo anterior me hice del valor suficiente para
preguntarle al maestro de la escuela dominical. Sus
labios se abrieron en una amplia sonrisa. -驴No has
hecho acaso tus votos de confirmaci贸n?
Yo sab铆a todo lo que hay que saber sobre la con-
firmaci贸n. Cuando me preparaba para ello estudi茅
teolog铆a. Pero lo que yo quer铆a era conocerlo a Dios.


PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:
Mi padre prefer铆a que yo no pensara en esas cosas.
Cierto es que no le hab铆a preguntado, pero adivina-
ba de antemano su respuesta. Clavar铆a en m铆 sus cla-
ros ojos azules y me dir铆a que estaba perdiendo mi
tiempo y haci茅ndoselo perder a 茅l.
Y es posible que as铆 fuera. No era probable que
hubiera otro Dios aparte del feroz Dios luterano.
Me asustaba el solo pensar en 茅l.
Este viento helado que corta mi cara es su viento,
pens茅. Di una patada al pasto seco que hab铆a al cos-
tado de la acera. Por la ma帽ana la nieve hab铆a dibu-
jado sobre el pasto raros arabescos. Protegidas por
la sombra de los alba帽ales quedaban trozos de es-
carcha.
驴Por qu茅 nac铆? Era flaco y larguirucho... para
colmo era miope...totalmente desma帽ado. Ni si-
quiera puedo jugar al f煤tbol. Cuando me hacen un
pase la pelota me golpea y los compa帽eros se burlan
de m铆.
Como si lo estuviera viendo ten铆a presente la cara
pecosa de Kent Lange, orlada con su cabello negro
ondulado y su boca abierta en sonora carcajada. Era
mi mejor amigo. Mi est贸mago se contra铆a de fr铆o,
como cuando se come un helado apurado.
驴Por qu茅 lo tomaba tan en serio? Al final de
cuentas era solamente un juego. Cuando llegue a
casa, pens茅, sacar茅 mis libros. Entonces me olvidar茅
de todos estos problemas.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:
Me encantaba reunir todos mis libros y despa-
rramarlos sobre la cama seg煤n sus distintos idio-
mas. Las dos 煤ltimas noches hab铆a practicado el
griego leyendo la Biblia. Ten铆a una Biblia grande
de cuero, hermosamente impresa y encuadernada, y
era mi mayor deleite hojear sus p谩ginas. Durante
a帽os hab铆a le铆do la Biblia, principalmente el An-
tiguo Testamento. Ahora que estudiaba el griego
era interesant铆simo hundirme en el Nuevo Testa-
mento.
Pero por el momento mi preferido era el Antiguo
Testamento. Me seduc铆an sus historias y me intri-
gaban sus batallas. Algunos domingos por la tarde
le铆a cap铆tulos enteros de corrido.
Otra cosa era los profetas. A veces me asusta-
ban tanto que cerraba la Biblia de un golpe y tra-
taba de convencerme a m铆 mismo de que el libro era
un sue帽o y no una verdadera profec铆a. El juicio de
Dios era de los mas f谩cil que imaginarse pueda: la
tierra que se abre y la gente arrastrada al abismo del
fuego eterno; Jes煤s que llega con sus ej茅rcitos de
谩ngeles brillantes y feroces, armados de espadas para
destruir a toda la creaci贸n como castigo por sus
pecados.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:
Me asustaba pensar en Dios. A veces, cuando per-
d铆a la paciencia y me enfurec铆a, era consciente de
lo que estaba haciendo y se me revolv铆a el interior.
Pero no pod铆a evitarlo y peleaba enceguecido sin-
ti茅ndome terriblemente mal mientras lo hac铆a. M谩s
tarde pensaba, Oh, Dios, ser茅 juzgado. Me arrepen-
t铆a pero todo el tiempo sab铆a, en mi interior, que lo
har铆a de nuevo.
Otra cosa era el Nuevo Testamento. Durante dos
noches le铆 el libro de Juan. Qued茅 confundido. En
nada se parec铆a Jes煤s a lo que me hab铆an dicho de
茅l. 驴O es que hab铆a confundido a Jes煤s con el Dios
a quien tem铆a? Doquiera iba Jes煤s la gente sufr铆a
un cambio, y el cambio era siempre positivo.
Pens茅 en mi clase de la escuela dominical. Cono-
c铆a a cada unos de los ni帽os que concurr铆an. Hab铆a
asistido a la Iglesia durante toda mi vida. Nunca
hab铆an cambiado. Ninguno de nosotros hab铆a cam-
biado.
Cierto es que se hablaba mucho del cambio. El
pastor nos dec铆a: -Deben cambiar, porque Dios va
a condenar al mundo y a los pecadores. Tienen que
ser santos, de la misma manera que Dios es santo.
Eso es lo que Dios exige de cada uno de nosotros.
A menos que sean perfectos no gozar谩n de su pre-
sencia en la eternidad.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:

La condenaci贸n me atemorizaba. Algunas veces
ven铆a Kent los s谩bados a mi casa y habl谩bamos de
historias o de pel铆culas de terror. Procur谩bamos asus-
tarnos mutuamente y, tentados de la risa, escond铆a-
mos nuestras cabezas bajo los almohadones. Nos
divert铆amos asust谩ndonos. Pero tarde o temprano,
en el curso de la conversaci贸n, hablar铆amos del jui-
cio de Dios, del lago de fuego y del cielo que se
enrollaba como un pergamino. Despu茅s de eso nos
qued谩bamos muy quietecitos. Sab铆amos que eso no
era un invento del director de una pel铆cula o de un
escritor. Eso era algo real. Y habr铆a de suceder.
Cuando llegu茅 a casa mi madre estaba en la cocina
preparando la cena. Tiritaba de fr铆o. Me quit茅 y col-
gu茅 la chaqueta y entr茅 a la cocina restreg谩ndome
las manos.
Ech贸 hacia atr谩s uno de sus bucles rubios que
ca铆a sobre su frente y me mir贸.
-驴Qu茅 tal te fue en el colegio, Bruce?
-Muy bien -le respond铆-. 驴D贸nde est谩 Dave?
Baj贸 la mirada. -Tu hermano y tu padre han
re帽ido. Dave est谩 en su pieza.
De pronto me sent铆 agotado. Las ri帽as en nues-
tra casa eran permanentes. Las cosas andaban me-
jor cuando nos ignor谩bamos y no nos dirig铆amos la
palabra.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:

Trep茅 por la escalera hasta mi pieza observando
que cada uno de los pelda帽os estaba lustrado de
color rojo oscuro, como una cereza madura. Esto
me gustaba. Todo ten铆a que estar en orden. Todo
ten铆a que estar aseado y limpio. 驴Por qu茅 no pod铆a
estarlo tambi茅n mi familia? De vernos cualquiera
pensar铆a que todo marchaba a la perfecci贸n. Mi ma-
dre era una hermosa mujer sueca, perfecta como
una estatua. Ninguno de mis amigos ten铆a una madre
que se le asemejara. Mi padre ten铆a un porte dis-
tinguido y era de buena estampa, con un fuerte men-
t贸n y cabello casta帽o oscuro jam谩s desgre帽ado. Pero
raras veces nos llev谩bamos bien.
Entr茅 en mi pieza y guard茅 mis libros. Luego
saqu茅 mis otros libros y los esparc铆 sobre la cama.
Ten铆a una Biblia inglesa, un Nuevo Testamento en
griego y algunos otros libros que me ayudaban a
entender el idioma griego.
Estir茅 mi larguirucho cuerpo sobre la cama. Mis
pies sobresal铆an por el extremo. Los libros me ro-
deaban como un c铆rculo. Esto era lo m谩s aproximado
a un hogar que yo pod铆a imaginar. Aqu铆 me sent铆a
a mis anchas.
Le铆 hasta que oscureci贸. Mi madre me llam贸 a
cenar y me incorpor茅 al silencioso c铆rculo de la fa-
milia, meditando a煤n en lo que hab铆a le铆do.
Mi padre se percat贸 de mi silencio.
-驴Por qu茅 no contribuyes en algo al resto de la
familia? -pregunt贸. Hablaba con estricta precisi贸n.
-Estaba pensando en otras cosas, se帽or, -res-
pond铆. Eso es todo.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:
-驴Y en qu茅 cosas estabas pensando?
Mir茅 impotente a mi madre. No ten铆a deseos de
hablar.
-Bruce -me dijo mi padre-, no mires a tu
madre. Soy yo el que te est谩 hablando.
De manera que me vi obligado a explicar. Le
dije que hab铆a estado leyendo el Nuevo Testamento
y que no lo entend铆a muy bien.
-Por supuesto que no podr谩s entenderlo -me
dijo-. Fue escrito hace dos mil a帽os. Nadie espera
que tenga sentido hoy en d铆a.
Se me atragant贸 la comida. Estaba cansado de
o铆r siempre a mi padre resolver todo con una fra-
se. 驴Qu茅 sab铆a 茅l del Nuevo Testamento? Fij茅 la
atenci贸n en mi plato. Era mejor si nadie hablaba.
No bien pude hacerlo sin atentar contra las re-
glas de urbanidad, volv铆 a mi pieza. Todo estaba mal.
Alc茅 mi Biblia pero las palabras parec铆an danzar en
sus p谩ginas. Ten铆a el rostro acalorado.
Me saqu茅 los anteojos y me recost茅 sobre la cama.
-Anteojos est煤pidos -exclam茅, mirando los grue-
sos lentes que hab铆a usado desde que ten铆a uso de
raz贸n. Los odiaba. Esos anteojos se hab铆an inter-
puesto en mi vida deportiva; por culpa de ellos los
compa帽eros me llamaban "cuatro-ojos" y "ojos de
sapo" desde que los us茅 por primera vez.
Baj茅 la cabeza. 驴Qu茅 ganar铆a con enfurecerme con-
tra los anteojos?
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:

Con toda seguridad en alg煤n sitio habr铆a alguien
que pudiera ayudarme. El ap贸stol Juan fue otro hom-
bre desde que encontr贸 a Jes煤s. Los cuatro evange-
lios hablan de gente cambiada por Jes煤s. Yo tambi茅n
ansiaba un cambio. Pero pens茅 que a mi Dios no le
interesaba mayormente lo que pudiera ocurrirme.
De todas maneras, "驴Qui茅n es mi Dios?" "驴D贸n-
de est谩?" me pregunt茅.
Tal vez si contin煤o leyendo hallar茅 la respuesta,
pens茅. Pero a decir verdad no esperaba encontrar
nada. Despu茅s de todo, la Biblia fue escrita antes de
que hubiera luteranos. Pero de pronto mis ojos de
posaron en un vers铆culo que me sacudi贸 como una
corriente el茅ctrica.
Me sent茅 en la cama y le铆 de nuevo. "El Hijo del
Hombre vino a buscar y a salvar lo que se hab铆a
perdido." Yo sab铆a de la justicia de Dios, que me
juzgar铆a sobre la base de mis impurezas; pero en
este vers铆culo dice que Jes煤s vino para salvar a los
perdidos. Supe de inmediato a qui茅n se refer铆a. A
m铆. 驴Pero c贸mo har铆a Jes煤s para salvarme? 驴Obra-
r铆a alg煤n milagro?
Un vers铆culo que hab铆a le铆do antes en Romanos,
cobr贸 nuevo significado. "Si creyeres en tu coraz贸n
que Dios le levant贸 (a Cristo) de los muertos, ser谩s
salvo". Y salvo era lo opuesto a perdido.
PORestaCRUZteMATARE @ 02/21/2010 said:

驴Y eso es todo? pens茅. 驴Solamente creer? 驴No ten-
dr铆a que hacer alguna gran obra? 驴No tendr铆a que
vivir una vida perfecta? Ese era un resabio que
tra铆a de la iglesia.
Pens茅 en todas las cosas de mi propia vida y de
mi persona que no me gustaban. Mi mal car谩cter.
Los malos pensamientos que llenaban mi mente. 驴Po-
dr铆a cambiar Jes煤s estas cosas?
Tal vez pudo transformar el agua en vino hace
dos mil a帽os, pero 驴qu茅 prueba eso con respecto a
Bruce Olson? Medit茅 en toda la gente en los Evan-
gelios que fue cambiada por Jes煤s. Pero 驴 qu茅 ten铆a
que ver esa gente conmigo?
Pasaron las horas. Parec铆a no haber soluci贸n a
mi problema. Estaba cansado. El reloj sobre mi mesa
de luz indicaba las dos de la madrugada.
Tuve de pronto la s煤bita sensaci贸n que me lleg贸
como un golpe, que no era yo quien deb铆a responder
a esos interrogantes.
Sent铆 deseos de hablarle a Cristo. Por supuesto que
ya hab铆a orado muchas veces antes, de una manera
formal, en la iglesia, leyendo de un devocionario.
Pero esto era totalmente diferente. Acostado boca
abajo le habl茅 a Jes煤s. Fue una conversaci贸n muy
sencilla, pero fue la primera que realmente tuve
con 茅l.
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